Intento, en medio de este suelo,
de esta tierra y este aire cubiertos,
enmudecer el murmullo,
y sólo escuchar tus latidos.
No he visto tu rostro,
ni en tus ojos he visto el mío,
no conozco tus manos, ni el brillo de tu sonrisa,
nada sé de ti...
Mas te siento, como un mar que golpea mi pecho,
como el incesante sonido de la gloria,
así te siento, más grande que todo lo que conozco,
más que lo que aún me falta por ver.
El inminente milagro ha sucedido,
a pesar de que nunca lo comprendí,
antes de ti, nunca lo comprendí,
y hoy te amo con una fuerza que no acabo de conocer
ni de comprender.
Pues sólo basta una sonrisa tuya,
un beso tuyo
para hacer estallar la soledad de mis días,
y para que la muerte ya no sea más.


