
¿Quién dijo que llueve?
Quizás el dios furibundo
sangra en ira y soledad.
Caen del cielo trozos del abismo,
busco en la nada el horizonte ajeno,
ajeno a mi lugar.
A lo lejos, la silueta de algo olvidado
parece desintegrarse entre tanta luz,
o tal vez entre tanta sombra...
Murmullos, plegarias, latidos...
recuerdos de un pasado remoto
a ratos golpean los muros,
intentan entrar, quieren invadirlo todo.

No obstante...
Un aura falsa se posa sobre ellos,
ya no los siento míos...
¿Y si dejo entrar la luz?
Perdería mi anhelada oscuridad...
Viviría prisionera de sus órdenes,
y no, ya no quiero ser prisionera.



