
Atardecía,
tú y yo estábamos juntos;
yo miré el cielo a través de tus ojos,
tú besaste mis manos y sonreíste.
Ha anochecido,
y a través del cristal observo el horizonte:
Ya no estás aquí,
y mi corazón se está ensombreciendo.

Mil ideas vagan por mi mente,
doy vueltas en mi propio eje,
un pensamiento me está hiriendo:
no estarás, no estarás.
El fuego quema y hiere mi garganta,
no estarás, no estarás.
No estarás; me envuelve la penumbra,
temores infundados atraviesan mis sentidos,
tal vez no te irás, tal vez no te irás,
pero mi alma lo da por hecho.

El sentimiento se vuelve profundo; me he enamorado de ti,
lo sabes, lo sentiste en el latir de mi corazón.
Ya nunca te arrancaré de mis labios,
ya nunca desprenderé el abrazo,
ya nunca desviaré la mirada.
Quizás te irás, quizás lloraré,
pero nada en el mundo impedirá
que te espere,
porque te amo, y sé que volverás por mí,
porque te amo,
y en cada aterdecer sé que estarás detrás del sol,
mirándome.





